Por Rosana Garcia Torrelles

Para comprender porque se festeja la Navidad el 25 de diciembre de cada año, se debe partir de la base de que en la Biblia no existe oración que indique cuando nació Jesús.

Corría el reinando el emperador Constantino el Grande (306-337),  en el año 330, cuando este emperador impuso que el 25 de diciembre se celebrara el nacimiento del Hijo de Dios.

Con esta conmemoración se venía a erradicar a  las fiestas saturnalias  en honor a Saturno, dios de la agricultura, y otras festividades asociadas al solsticio de invierno que comenzaban cerca del 21 y se prolongaban por varios días en Roma, como ser el culto del Natalis Solis Invicto o lo que es lo mismo, el festejo del día más largo del año ya que tiene unas 14 horas de sol y el astro rey, vence sobre las tinieblas de la noche.

Este antiguo culto era veneración de pueblos paganos de toda la historia antigua, se festejaba en Mesopotamia, en Egipto, luego en Grecia y Roma. Pero no era más que la celebración al cambio de estación, para viajar un poco en el tiempo se puede redondear la idea recordando que en pueblos como el celta, se festeja por tradición el solsticio de invierno y recibe el nombre de Yule aunque también se la conoce como la Navidad Vikinga.

El solsticio en américa se venera a través de los aztecas  con  la llegada de Huitzilopochitl, su dios del Sol y la guerra, en el mes Panquetzaliztli, que corresponde al tiempo entre el 7 y el 26 de diciembre.

Análogamente los incas vitoreaban el nacimiento de Inti,  su dios del Sol cerca del 23 de diciembre actual.

Navidad proviene del latín  nativitas que significa: natividad, nacimiento, y se refirió desde la antigüedad al nacimiento del Sol Invictus.

Pero con la nueva práctica litúrgica, la fiesta de la Natividad de Jesús el Cristo, venía así a reafirmar de alguna manera, el lugar del Jesús como el Dios solar, el Mesías, vencedor de la oscuridad, más aun, es la idea de actualización de Cristo como el Sol Invictus.

La fiesta del Sol Invictus, se abolió con un edicto de Tesalónica del emperador Teodosio I, el 27 de febrero del año 380, en el cual estableció que la única religión del estado, era el cristianismo niceno, prohibiendo de facto cualquier otra expresión de culto. Así es que el 3 de noviembre de 383 se determinó que el día domingo (dies dominicus) sería el día de descanso, como actualización del día del sol o dies solis.

Pero ahí no todo quedo resuelto matemáticamente, se decidió que el nacimiento de San Juan el Bautista se celebraría el 24 de junio, alrededor del solsticio de verano, es decir; el día más largo del año en el hemisferio norte.

Con lo cual se dividió el año calendario en dos periodos; después del nacimiento de Jesús los días van siendo más largos y después del nacimiento de Juan el Bautista  van siendo más cortos, en figuración de una dulce espera al nacimiento del Salvador del mundo o Jesús el Mesías esperado por el pueblo judío.

¿Porque se calculó así?

Hay que releer lo que narra el Evangelio de Lucas en la “Anuncio del nacimiento de Juan”. Allí se dice sintéticamente que Zacarías e Isabel no tenían hijos, porque Isabel era estéril  y ambos ya tenían una edad avanzada. Pero un día un ángel del Señor llamado Gabriel se le apareció al sacerdote Zacarías y le informó que su esposa iba a tener un hijo y  debería ponerle por nombre Juan, pero además sería el antecesor del Mesías.

Ahora bien, luego viene semejante anunciación a José respecto de María embarazada, y una posterior visita de María a Isabel  de donde surge la frase: “Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús”.

Se supone que en ese momento Isabel llevaba unos seis meses de embarazo.

Entonces las cuentas cierran. Se conmemora el nacimiento de Juan el Bautista el 24 de junio y de Jesús el Cristo el 25 de diciembre de cada año.

Pero este no es un artilugio ingenioso, Adonis, Hermes, Dionisio, Budha, Krishna, Heracles, Horus, Zoroastro, Tammuz, Mithra, solo por citar algunos avatares, también son conmemorados con nacimientos un 25 de diciembre.  Con lo que se trata de instaurar es la idea revivificada  de Natividad del culto solar, que invariablemente llega con los solsticios desde que el mundo es mundo y el hombre hace ritos.

Lo cual no significa que hayan nacido físicamente en coincidencia, ese día todos ellos, lo que se evoca es el nacimiento espiritual o evolutivo solar de cada uno de estos grandes seres. Por ello el Triunfo del sol invicto.

Namasté, mi alma saluda y bendice a tu alma.