Por Rosana Garcia Torrelles

Los arquetipos son herramientas para el despertar espiritual. Son perfectos mapas trazados en la psiquis de los seres humanos.

Remontando en orígenes lejanos de la historia se observa que antes de que existiera una forma a través de la cual poder transmitir el arquetipo por medio del mito, ya existía el arquetipo creado por la Gran Mente Divina como unidad.

En un principio se trataba a este patrón como una unidad arquetípica, en los mitos más primitivos de las historias de creación de todos los pueblos, se encuentra que el arquetipo era unidad de vacío, y de allí se fragmento en un femenino y un masculino, dando origen a todos los seres humanos. Por eso, todo ser anda por la vida buscando su otra mitad, y no está afuera, sino que está dentro de sí mismo lo que conforma su totalidad.

El arquetipo femenino de Dios es el más antiguo, dado que el hombre cuando se ergio en sus extremidades, vivía de sus instintos más primitivos, y estaba en  comunión e integración con la naturaleza, adoraba a la Diosa, por tanto, su percepción de la Divinidad era femenina, dado que entendía  que ella era quien proveía el alimento era omnipresente y omnipotente.

Estos rasgos no demoraron en provocar que el hombre de las sociedades más antiguas, extrapolara su responsabilidad hacia la Divinidad, culpándola o agradeciéndole por los sucesos de la vida y la naturaleza. 

En muchos escritos antiguos se referían a Dios como femenino. Con lo cual, se consideraba sagrada la Madre Tierra, por ende, al cuerpo de la mujer, es decir, antes de que existiera Dios existía la Diosa. Y a esa diosa prístina podríamos llamarla Ana.

Luego surge, como en todas las cosas, por oposición, el arquetipo de la Bruja, quizás a modo de minimizar o abstraer del poder a la mujer, y se la sumerge en un lodo de castigo y culpa. Se le cargo un mote de oscura destructora en contraposición a la luminosa y creadora Diosa.

Pero en definitiva es parte y arte de la misma mujer, Diosa y Bruja. Quien profetisa y quizás, como una guerrera personifica la verdadera revolución femenina en la humanidad, amenazando ciertas creencias establecidas de la fe, que no tienen que  ver con las cosas que ella ve, siente, percibe o intuye, de la realidad.

La Bruja es la parte psíquica de la mujer, su clarividencia, su parte sabia e intuitiva. Es la que ayuda naturalmente a la visualización del encuentro con la sabiduría interior, y la que trabaja con su esencia alquímica pura creadora de magia,  esa magia que solo para la bruja sucede a cada momento.

Ella conoce la forma de correr el velo que conecta con los mundos sutiles y su percepción visceral de estos los mundos etéreos, la ayudan a conectar de diferentes modos con otros seres de la creación.

Si bien existe dentro de cada mujer una Diosa dominante, que se excita fácilmente, en la ciclicidad del tiempo se manifiestan espontáneamente las Diosas, a lo largo del ciclo femenino,  tal como ocurre a lo largo de la vida que también se exteriorizan distintas Diosas, o con el transcurrir de las estaciones, aparecen otras Diosas, reconocerlas y encarnarlas es el trabajo de la mujer, por lo tanto  deberá  humanizar a la Diosa dentro de sí misma.

Bruja, maga, hechicera, madre nutricia, sabia, niña, guerrera, amante, curandera, ella es Diosa, líder y apóstol.

Con extractos del Libro Biomito, Excita a tu Diosa interior de Rosana Garcia Torrelles.

Namasté, mi alma saluda a tu alma.

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