Por Rosana Garcia Torrelles

La Luna: La receptividad.

“La Luna provoca una fascinación inexplicable al ser humano siendo la musa inspiradora de poetas, escritores y amantes, provocando fantasías y misterios.

Vivimos tocados por la Luna. Su influencia nos alcanza en todos los aspectos, físico, mental y espiritual.

La Luna nos domina el cuerpo de acuerdo a sus fases, a la vez que nos representa en las emociones, los sentimientos, las reacciones en los vínculos afectivos”.

Del libro Esencias Sagradas. Aromaterapia y Flores de Bach.

De Carina Avalos y Rosana Garcia Torrelles.

El Arcano, muestra un lobo (naturaleza pura), un perro (arte y creatividad, fidelidad domesticada) y un cangrejo (instinto enérgico) que indefectiblemente por su naturaleza, va hacia adelante y a hacia atrás en un estanque limitado de agua (emociones). El terreno es ondulado, promueve al esfuerzo, la acción y al descanso merecido (sueño) que trae reparación y potencias renovadas.

Todo el escenario es bañado por los influjos de la Luna que se monta en centro de la lámina casi asomándose y de perfil. Sus destellos son ambivalentes, parecen a la vez gotas de vapor que ascienden o rayos Lunares que caen (ley de retorno).

La Luna es el inconsciente, es la ruta de la clara iluminación mística que guarda misterios que son intransferibles. Son las emociones y los sentimientos que remiten al amor maternal y al deseo de volver al vientre materno.

La Luna (inteligencia corporal) recibe y duplica la luz del sol (energía vital), y se regenera orgánicamente a través de la segmentación de sus fases. La Luna es el principio volátil, mudable, femenino y protector  por excelencia que marca los ciclos de la humanidad.

Más allá del agua, en tierra firme, la carta de la Luna muestra dos columnas a ambos lados (mundos opuestos), figuran el umbral que enseña un camino de realización (la senda del equilibrio) algo sombrío y difícil, pero que incita a desarrollar desde su sensibilidad los poderes psíquicos, la videncia y los sueños intuitivos para ver con claridad en la oscuridad de la noche.

La Luna sabe que el universo es mental (ley mental), que allí se crea todo desde su imaginación, lo que se materializará luego en el plano físico, allí habitan sus miedos, sus enemigos, sus espejismos, y que si los proyecta como la luz que toma del sol se cristalizan en la realidad.

La Luna, al no poseer luz propia, parece no tener la potencia suficiente para crear deseos, solo los  imagina, los sueña, y recién se materializan con la fuerza del Sol.

Esta lamina preanuncia eventos que confunden, situaciones inconcretas, que conducen a un autoengaño y confusión. Períodos de lucidez hacen ver la luz, instantes de sombra no dejan ver los peligros disimulados en la otra cara de la Luna (ley de opuestos). 

Estar en los umbrales de un camino incierto provoca ansiedad y estimula el carácter lunático de la personalidad humana. Con los Novilunios y plenilunios, aflora lo que se escondía, la neurosis obsesiva, las fluctuaciones, se aceleran los ciclos y asoman las pasiones descontroladas, todo es un aquelarre, para al final, establecerse en la depresión, la tristeza, la soledad más sinuosa sobrevenida de una dependencia emocional.

El peligro mayor que tiene la Luna es que posee fases periódicamente repetitivas que marcan los ciclos biológicos de las personas y del planeta, instalándola en la ley del ritmo. Aprovechar sabiamente esos ciclos hace a las artes mágicas del iniciado.

Namasté, mi alma saluda a tu alma.

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